La gran estafa: La alegría no llegó a las aulas.

Por: Rodrigo Ojeda – Profesor de Historia

Gritaron, cantaron, marcharon y prometieron una educación: pública, gratuita y de calidad. Desde la calle y centros de estudios se presentaron como justicieros y mosqueteros, de las desigualdades y las segregaciones. Sólo ellos sabían lo que necesitaban los demás, los vulnerables, los últimos de la fila. En paralelo saltaron de la calle al parlamento y hoy al gobierno. Después aplaudieron que otros evadieran y saltaran torniquetes pero esa es otra historia de anomía y desobediencia civil ante la necesaria autoridad en el proceso educativo.

Se mostraron indignados desde sus federaciones y consignas, hoy algunos creemos que jugaron con una política pública clave para el desarrollo, la democracia y el bienestar social. Fueron astutos: quién se opondría a la calidad e inclusión en la educación escolar. Ley tras ley, decreto tras decreto, las escuelas y las aulas han tolerado los distintos cambios y experimentos. El gremio fue cómplice ya que había que desmantelar la educación de los “cuatro generales”. 

Pero los porfiados hechos (la frase corresponde al viejo y olvidado Vial) rebaten los tecnicismos, distintas pruebas e indicadores demuestran que la educación pública sigue en el abismo, hay tanto por hacer que todos los recursos se vuelven insuficientes, todo es urgente en aprendizajes, nivelaciones y en las pautas de convivencia. Hoy las aulas son verdaderas salas de emergencia y la política pública cambia según el gobierno de turno. Ahora toca sufrir los SLEP. Nadie responde ni asume las responsabilidades, salvo seguir levantando mesas de trabajo y concesiones con el gremio.

Sucesivas mediciones e indicadores reflejan lo que todos sabemos y a ratos callamos, el panorama es desolador (salvo excepciones), el proceso educativo recae por completo en las escuelas, poco queda de lo coeducacional desde las casas. Las alertas de no retorno son evidentes ante procesos de aprendizaje que se vuelven irremediables, con especial dolor en la comprensión lectora. Las pobrezas no son sólo materiales y tras doce años de escolaridad las cifras son desoladoras.

Los emblemáticos se convirtieron en escuelas de guerrillas urbanas, sobrepasando cualquier proyecto educativo y los reglamentos internos que exige la ley. La generación estudiantil que hoy nos gobierna mira al techo y el ministro amenaza. La PAES se convirtió en la Pesadilla de Acceso a la Educación Superior. En un ranking de 100 sólo aparecen 2 de los llamados municipales. No sólo nos quitaron los patines, nos quitaron la movilidad social y el valor del esfuerzo, también nos quitaron la tranquilidad con la cual cientos de profesores hemos trabajado en las aulas. El llamado de emergencia es urgente, después de seguridad y salud, la educación de los vulnerables no puede seguir esperando ni expuesta a nuevos experimentos. Por mirar a Finlandia y Singapur nos olvidamos del patio trasero.

Los que prometieron educación pública, gratuita y de calidad debiesen al menos sonrojarse y reconocer que se equivocaron y presentar un lineamiento serio en educación escolar, preguntando en primer lugar a los actores principales: los profesores.

Autor de la Columna

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