El liberalismo es una de las corrientes de pensamiento más diversas en la interpretación de sus conceptos básicos, esto genera que de su misma base puedan nacer ideas tan antagónicas como lo son el Paleolibertarismo con el Socioliberalismo.

Es por ello que no nos debiese asombrar que existan constantes pugnas de poder entre grupos liberales, sobre quién tiene mayor potestad de reclamar el título de “Verdadero Liberalismo”, pero ¿es posible ser el verdadero adalid del liberalismo? ¿Hay una postura que sintetice la matriz del pensamiento liberal? Y la verdad, es que por mucho que podamos adherir a corrientes específicas del liberalismo y desde nuestro estrado defender que nuestra corriente liberal es la “verdadera”, lo cierto es que ninguna lo es realmente, y ninguna lo será realmente, el Liberalismo al igual que otras corrientes de pensamiento es un ideal es un aspirar a ser, por el cual hay distintos caminos para alcanzarlo y ninguno es el más “correcto”.

Entonces ¿si hay tanta diferencia entre liberales, como podría generarse un centro liberal? Y la respuesta aunque pueda resultar evidente no siempre recibe el apoyo del dogmatismo de muchas corrientes liberales que quieren ser los “verdaderos liberales”, y la solución es enfocarse en los mínimos comunes que todos los liberales comparten, tales como el estado laico, la separación de poderes, la libertad de expresión, la libertad de asociación y aún más importante el respeto irrestricto hacia el proyecto de vida del resto… 

Y aunque parecieran cosas básicas de una democracia, lo cierto es que hoy en día con el auge del populismo y de extremistas autoritarios estos valores liberales que se dan por sentados están en peligro, y es el deber entonces de los liberales de todas las tendencias, el unirse en pos de defender los principios liberales que han hecho posible la democracia, las diferencias en materia tributaria, económica, justicia social etc… se hacen irrelevantes, y es ahí donde el respeto a la diversidad inherente al liberalismo es el que logrará formar un centro y oposición hacia las tendencias que amenazan a la democracia.

Francesca García 

Libres

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